La situación fiscal - Parte I - JAVIER DE HAEDO

Me propongo analizar con el mayor detalle posible, a partir de esta semana y en cuatro entregas, la situación fiscal de nuestro país, considerando los números finales de 2011. Es oportuno hacerlo cuando ya se ha iniciado muy tempranamente la discusión acerca del aumento del presupuesto para el año próximo, lo que generalmente ocurre en oportunidad de la producción de la Rendición de Cuentas, en el segundo semestre, pero que este año se adelantó a partir de la insólita situación creada con la definición del Gobierno de que "sobró dinero" habiendo déficit fiscal (o sea faltante de dinero). 

 
El año pasado hubo un déficit fiscal equivalente a 0,8% del PIB, unos US$ 370 millones. Como se había previsto tener un desbalance de 1,1% del PIB, o US$ 510 millones, en el Gobierno se considera el menor déficit como un "sobrante" o "espacio fiscal adicional" para el cual solo existe el camino de gastarlo, en la medida en que "ahorro" no es una palabra que figure en el diccionario oficialista. 

En una ecuación con múltiples elementos, se pueden encontrar muchas explicaciones alternativas al menor déficit. Es posible que tomados individualmente, haya varios rubros de ingresos y de egresos que puedan explicar el desvío. En particular se destaca que el año pasado hubo una variación negativa en el stock de petróleo y combustibles de Ancap por 0,3% del PIB. Esa disminución de inventarios dio lugar a un excedente de caja en esa empresa que no se habría generado de mantenerse el stock de fin de 2010. Y, obviamente, contribuyó a un mejor resultado fiscal global. O sea que lo que en definitiva está discutiendo el Gobierno es cómo gastarse los US$ 140 millones de disminución de inventarios en Ancap. De Ripley. 

Yendo a cuestiones más serias, viene al caso actualizar, para 2011, las estimaciones del resultado fiscal ajustado por el ciclo económico y por otros factores relevantes. Es decir, el déficit "observado" fue de 0,8% del PIB, pero ese resultado no es indiferente al momento del ciclo económico en que nos encontramos. No es lo mismo obtener ese resultado con la economía volando que obtenerlo en una situación más "normal". Sin ir más lejos, el año pasado se vendieron más de 51 mil automóviles nuevos por una facturación de US$ 1.140 millones. Dado que la mitad del precio de un auto son impuestos, hubo entonces US$ 570 millones de impuestos en las ventas de autos nuevos. Esto no sería relevante si aquella cifra de empadronamientos es normal y permanente, pero no lo es. Lo mismo sucede con muchos otros bienes de consumo, durables e intensivos en impuestos. O sea que se llega a un déficit de 0,8% del PIB (US$ 370 millones) a pesar de esa recaudación extraordinaria. ¿Cuál sería el déficit en condiciones normales, sin semejante recaudación? Justamente de eso se trata el "ajuste por el ciclo".
Dado que existe una relación estrecha entre nivel de actividad económica y recaudación (elasticidad uno), mientras que el gasto es mayoritariamente rígido a la baja e indexado a la inflación, corresponde ajustar los ingresos por el ciclo económico. En particular, los ingresos del conjunto formado por el Gobierno Central y el BPS. ¿Cómo hacerlo? Estimando la brecha existente entre el nivel de actividad actual y el "normal", correspondiente al nivel del producto en la tendencia de largo plazo. Aquí es donde puede haber diferencias entre los economistas, acerca de cuán alejados estamos hoy de ese nivel normal, aunque estoy seguro que nadie cree que esa brecha sea nula o negativa. Yo estimo que en 2011 estuvimos algo más de 7% por encima de la tendencia. Aplicado este porcentaje a la cifra de ingresos antes referida, nos encontramos con que la recaudación ha de haber estado 1,9% del PIB por encima de la normal. O sea, unos US$ 900 millones. Esta cifra no me llama la atención cuando casi un tercio de ella solo se explica por los automóviles.
De este modo, el resultado fiscal ajustado por el ciclo ya no sería de -0,8% del PIB sino de -2,7% del producto.
Pero hay otros ajustes a realizar. En los últimos años las finanzas de UTE han sido muy volátiles, debido a la alternancia de años de sequía con años de buena hidraulicidad en las represas. Sin ir más lejos, en 2008 y 2009, UTE tuvo una crisis de generación hidroeléctrica que la obligó a endeudarse fuertemente en la medida en que (razonablemente) se decidió no transferir todos los mayores costos a tarifas. UTE hizo de amortiguador del shock externo (como lo está haciendo hoy día Ancap). En 2010, la situación cambió y UTE pudo amortizar aquellas deudas y encima contribuir con US$ 150 millones al Fondo de Estabilización Energética (FEE).
Lo anterior implica que deben normalizarse las cifras de UTE a los efectos de tener una mejor idea de la situación fiscal. A esos efectos tomo un período base como referencia y ajusto el resultado fiscal por los desvíos respecto a esa base. En 2011, UTE tuvo un resultado peor al "normal" del orden de 0,5% del PIB que por lo tanto me lleva a reducir el déficit en esa magnitud.
Finalmente, hago un ajuste adicional por las variaciones en el stock de petróleo y combustibles de Ancap por las razones expuestas al inicio de esta nota. Como vimos, el año pasado dicho stock se redujo en 0,3% del PIB por lo que debo ajustar hacia arriba en esa magnitud el déficit fiscal.
En definitiva, ajustando por el ciclo y por los aspectos referidos a UTE y Ancap, llego a una estimación del déficit de 2011 en 2,5% del PIB. Razón de más para no gastar lo que no sobró.

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