Ningún candidato es capaz de generar consenso, ni siquiera Tabaré Vázquez - JORGE REBELLA

Si el presidente Mujica se inclina demasiado hacia la izquierda, el partido gobernante corre el riesgo de perder las próximas elecciones nacionales, incluso con Tabaré Vázquez de candidato a presidente, afirmó el doctor en ciencia política. Luis Eduardo González. El socio director de la consultora Cifra/González, Raga y Asociados analizó los problemas que genera la tensión que mantienen las dos grandes corrientes del Frente Amplio y sostuvo que la única salida está en el arte del equilibrio en el gobierno. A continuación un resumen de la entrevista.
-¿Cuál es el mayor desafío que enfrenta el presidente Mujica al iniciar su tercer año de gobierno? 

-El Presidente ha dicho que este es el "año bisagra" de su mandato. Además, es el año para hacer algo, porque lo mejor que ha hecho su gobierno hasta ahora parece ser no innovar. En realidad, se ha caracterizado, aparte de algunas discusiones y ciertas dudas, por mantener una situación económica próspera que levanta la moral de la gente. Pero ese resultado se obtuvo conservando lo esencial de un edificio problemático: el del Estado uruguayo.
-¿No advierte cambios en la política de este gobierno con respecto al de Tabaré Vázquez? 


-Solo se han visto algunos cambios en detalles que parecen que fueran en sentido contrario de ese diseño tradicional del Estado, y en algunas iniciativas políticas de muy distinta naturaleza. Por ahora, esas modificaciones no tienen resultados visibles. Por ejemplo, hay un discurso distinto del Ministerio del Interior que está en línea con los reclamos de la población. También se acaban de tomar algunas acciones en el área de la educación, que coinciden con lo que quiere la gente. Pero esos cambios son lentos y, en el mejor de los casos, sus resultados recién se alcanzarán a mediano plazo. Ya es hora de que los proyectos de la actual administración tengan consecuencias tangibles. Si no es así, los problemas políticos del gobierno de Mujica se volverán más pesados.
-¿Esos problemas afectarían aún más la gobernabilidad de esta administración?
-No. Esa visión parece ser algo exagerada si se observa la situación actual del gobierno. Hoy existen fuertes discusiones sobre el rumbo de las políticas del Frente Amplio y también se perciben problemas adicionales de sintonía fina entre los distintos sectores que componen al partido gobernante. Esas divergencias se pueden resumir con bastante sencillez. Un sector muy importante de cuadros de activistas del Movimiento de Participación Popular (MPP) siente que el ganador de las últimas elecciones nacionales no fue "El Pepe" a secas, sino su grupo político: el MPP. Creen que ese resultado implica un mandato para llevar al gobierno más a la izquierda. Incluso, dentro de estas voces, algunas dicen que los problemas de esta administración surgen porque su política no se ha movido suficientemente hacia la izquierda. Estos conflictos que se ven muy claramente entre los dos polos del Frente Amplio en este momento no se dan tanto por reivindicaciones puntuales de uno u otro tipo, sino por cuotas de poder.
-¿Cómo prevé que se resuelva esa tensión que mantienen las dos grandes corrientes del Frente Amplio?
-En realidad, el presidente Mujica no puede resolver ese problema de un día para otro porque esa dicotomía se ha ido construyendo a lo largo de décadas. Cuanto más desautorice el gobierno a las minorías -que pueden ser mayorías entre los activistas del Frente Amplio y que, seguramente, lo son entre los grupos más radicales de izquierda-, va a comprar más problemas dentro de la interna del partido gobernante. Pero si, a la inversa, hace demasiadas concesiones a esas minorías, va a tener problemas electorales importantes, porque la gente tiene otras preocupaciones como la seguridad pública, la educación, la influencia invasiva de los sindicatos, etc. Por eso, si la actual administración se inclina demasiado hacia la izquierda, el partido gobernante corre el riesgo de perder las próximas elecciones nacionales, incluso con Tabaré Vázquez de candidato a presidente.
-¿Qué efectos tienen esas grandes discusiones en la toma de decisiones del Presidente?
-Mujica ha variado en sus posiciones con frecuencia; el ejemplo más claro es tal vez la Ley de Caducidad. Era previsible que, en última instancia, el gobierno iba a doblar a la izquierda en ese tema, pero antes de hacerlo tuvo varias marchas y contramarchas, cuyas consecuencias prácticas son bastante dudosas.
Asimismo, pudo haber sorprendido a algunos sectores cuando tomó la senda contraria a la de los sindicatos en el ámbito de la educación. Su acuerdo con la oposición lo muestra decidido a imponer el principio de autoridad del gobierno nacional y de la voluntad política de las mayorías electorales sobre las minorías militantes, cuyos intereses son respetables, pero representan un porcentaje pequeño de la población. Cabe preguntarse por qué los sindicatos de la educación deben dirigir la educación. ¿Acaso los sindicatos de policía deberían manejar el Ministerio del Interior? Esto no se le ocurre a nadie y no es porque unos sean buenos y los otros malos. Es un principio general.
Seguridad pública
-De acuerdo con las mediciones de opinión pública que realiza la consultora Cifra, ¿sigue siendo la falta de seguridad pública el tema que más preocupa a los uruguayos?
-No hay ninguna duda que, con una tasa de desocupación relativamente baja y que ha descendido mucho en estos últimos años y, además, en un contexto en que por primera vez los uruguayos piensan que la situación económica del país es mejor que en el exterior accesible, la falta de seguridad pública sigue siendo el tema que más aflige a los ciudadanos.
-Entonces, ¿por qué no se han presentado aún las 250.000 firmas necesarias para solicitar la baja de la edad de imputabilidad penal que promueve la Comisión Nacional por la Seguridad?
-La firma es un compromiso personal, que es un acto que interesa más a los activistas. En cambio, firmar le cuesta mucho más a quienes, en principio, están de acuerdo con la propuesta, pero no se consideran activistas, ni son necesariamente demasiado afines a los grupos políticos que procuran su compromiso en este tema. En otras palabras, una cosa es lo que se piensa y otra es actuar en consecuencia.
Además, mucha gente puede estar a favor de esta iniciativa no tanto porque está de acuerdo con su naturaleza precisa, sino porque cree conveniente que haya un pronunciamiento político colectivo sobre el tema. Transformar esa clase de predisposiciones favorables en firmas es una tarea difícil que requiere mucho trabajo, tiempo y recursos. Además, en el pasado el "firmazo" promovido por la fuerza política entonces en ascenso era contra gobiernos colorados o blancos que tenían un respaldo electoral bastante menor a la mitad de la ciudadanía. Ahora, la recolección de firmas se hace contra un gobierno que recibió la mitad de los votos en las últimas elecciones y, encima, la gente cree que el país va por buen camino y que está en mejores condiciones que sus vecinos.
Elecciones y sindicatos
-El próximo 27 de mayo se realizarán las elecciones internas del Frente Amplio, de las cuales surgirá el nuevo Plenario Nacional y la nueva integración de la Mesa Política. La conformación de estos órganos será determinante para la designación de un nuevo presidente del partido de gobierno. ¿Es el expresidente Tabaré Vázquez el único candidato viable para ese cargo?
-Actualmente no vislumbro ningún candidato capaz de generar consenso, ni siquiera Tabaré Vázquez. Me parece que entre los sectores más militantes del Frente Amplio el expresidente es visto cada vez más como un socialdemócrata disfrazado, al igual que los "astoristas". Si Vázquez no consigue ese consenso, nadie puede lograrlo. Sí podrían darse acuerdos tácticos e instrumentales, es decir, construir alianzas que permitan elegirlo para que la izquierda lo presente luego como candidato nacional, porque Vázquez tiene un fuerte arraigo en la opinión pública.
-También se ha mencionado al coordinador del PIT-CNT, Juan Castillo, como potencial candidato para presidente del Frente Amplio. Más allá de que esa propuesta se concrete o no, ¿es conveniente que se acentúen los vínculos entre el partido gobernante y el movimiento sindical?
-Las experiencias de los gobiernos laboristas en el Reino Unido y del PT en Brasil, primero con Lula y ahora bajo la presidencia de Dilma, muestran que todos ellos han sido "vazquistas" en un sentido importante: separaron las responsabilidades de gobernar de sus compromisos partidarios con los sindicatos. Esos gobiernos le dijeron al movimiento sindical que tenían un mandato otorgado por la mayoría de la población para decidir acerca de las políticas nacionales. Sin embargo, por su propia ideología procuraron proteger a los grupos más desvalidos a través de políticas apropiadas, buscaron mantener el diálogo con los gremios y darle relevancia a la actividad de las asociaciones sindicales; todo eso en formas que los conservadores tienden a rechazar. Si bien es muy democrático que los sindicatos, que representan intereses profundamente legítimos, se manifiesten y actúen en función de ello, no hay que olvidar que su representatividad corresponde a una parte limitada de la población.
-¿Cómo evalúa la gente al actual corporativismo que predomina en algunos sindicatos, especialmente en el sector público, que por proteger sus intereses particulares no parece preocuparles como sus medidas de fuerza afectan al resto de la sociedad?
-La opinión de los uruguayos sobre el movimiento sindical ha cambiado sustancialmente a lo largo de estás últimas dos décadas. Aunque la población sigue creyendo que existe una legitimidad de fondo del movimiento sindical porque es básicamente honesto y "auténtico", sobre todo comparado con el de otros países, se puede afirmar que la gente está cansada de la conflictividad, especialmente de la que han expuesto los sindicatos del sector público.
Sin embargo, en el Frente Amplio, donde el movimiento sindical siempre ha sido muy influyente, se está jugando un partido muy importante. Algunos sectores políticos con mucho peso en el PIT-CNT consideran que ha llegado el momento de que la influencia de los sindicatos sea mayor que antes. Este es un cambio muy radical con respecto a lo que se había visto durante la administración anterior.
-¿Qué consecuencias puede tener una imposición de los sectores alineados con una mayor influencia del movimiento sindical en las políticas del gobierno de Mujica?
-Si el gobierno se inclina claramente a favor de las demandas de los sindicatos del sector público, el que en última instancia pagará la factura no es el país, sino el partido gobernante. En tal caso, el Frente Amplio perdería las próximas elecciones. Es probable que esa "inclinación pro sindical" no ocurra claramente, porque los líderes frenteamplistas de primer nivel comprenden perfectamente este problema. La única salida está en el arte del equilibrio en el gobierno.

La sociedad uruguaya no tiene una "fiebre consumista"

-Ha trascendido la preocupación de Mujica por la escasa participación de la militancia frenteamplista en programas sociales, tal como Un Techo para Mi País que recibe mensualmente una contribución importante del salario del Presidente. ¿Qué opina al respecto?
-Los voluntarismos excesivos no funcionan en la práctica. A Mujica quizás se le escapa que el resto de la población no vive ni actúa como lo hacen él y su esposa, donando mucho más de su sueldo que el viejo diezmo eclesiástico. La gente paga sus impuestos para atender a los necesitados, e incluso estaría tal vez dispuesta a pagar más si viera que el dinero recaudado se gasta mejor. Pero el 80% de la población activa que mantiene la economía del país está harta de que el 20% restante, compuesto por los empleados públicos, gane mejores salarios y disfrute de muchos más beneficios que los trabajadores del sector privado. Por lo tanto, el Presidente debería buscar una mejora de la eficiencia del gasto del Estado.
-¿No cree que la actual fiebre consumista de las clases medias y también de los sectores de bajos ingresos ha hecho decaer el compromiso de los ciudadanos uruguayos con los problemas sociales?
-No estoy de acuerdo con la idea de una "fiebre consumista". Entiendo que el consumo ha aumentado porque los ingresos de la población han aumentado. Lo que está haciendo la mayoría de los uruguayos es acceder a bienes y servicios que siempre quiso tener, pero que antes no estaban a su alcance. Decir que la gente que va masivamente a los shopping centers está inoculada por un virus consumista es una barbaridad. En realidad, concurren básicamente a aprovechar esos descuentos en los precios las capas medias de nuestra sociedad que tienen un estilo de vida que está por debajo del que querrían tener, puesto que su referencia está en los estándares de los países ricos, aun bajo los efectos de la crisis financiera global.
-Pero, ¿acaso el Presidente no ha criticado a quienes acuden en masa a las promociones que hacen los centros comerciales?
-Creo que nadie tiene derecho a decirle a la gente cómo debe gastar su dinero. Eso es propio de las economías dirigistas cerradas y ya sabemos a donde conducen esas políticas. En el fondo, Mujica está expresando uno de los principios básicos de las minorías radicales, pero se olvida que hay un sector mayoritario de la población que no comparte ese pensamiento. Entonces, volvemos nuevamente a esa bipolaridad que hace al Presidente alinearse en uno u otro lado, según el tema que se trate.

Activistas de izquierda no amarán al astorismo, pero lo necesitan

-¿Se puede comparar el poder adquirido por el director de la OPP, Gabriel Frugoni, en cuanto a la incidencia de ese organismo para aprobar los proyectos de asociaciones público-privadas, controlar al nuevo Sistema Nacional de Inversiones, manejar el Fondo de Desarrollo, etc., con el que tiene el ministro de Economía y Finanzas, Fernando Lorenzo?
-La mayoría de los observadores, tanto de la academia como de los sectores empresariales, percibe que se ha roto el rol predominante de los ministros de Economía que existió en todos los gobiernos precedentes desde la restauración democrática en 1985. Nadie duda del peso y la gran influencia que tuvieron esos ministros en las presidencias de Sanguinetti, Lacalle, Batlle y, por supuesto, en la de Vázquez. En cambio, con las idas y venidas de la OPP durante la actual administración, la predominancia del Ministerio de Economía está en tela de juicio. Cuando algunos voceros del gobierno se sienten obligados a puntualizar que hay un único equipo a cargo de la política económica, están diciendo que las cosas ya no son como antes. Es evidente que el manejo de la economía nacional funciona de otro modo y no siempre hay acuerdo en cuanto a las políticas a aplicar.
-¿A qué obedecen esas diferencias entre el MEF y la OPP?
-No está del todo claro hasta qué punto las discrepancias se deben solo a genuinas diferencias en materia de política económica, o involucran diferencias políticas. Sí es evidente que las discusiones existen, que son importantes y que no tienen precedentes en la historia reciente. Una vez más tenemos que ver este "partido" como parte de ese juego de tensiones entre los sectores más alineados a la izquierda y el astorismo, que no es la mayoría del Frente Amplio ni es popular entre los activistas de izquierda, pero su participación en la coalición es lo que ha hecho posible que el Frente Amplio sea gobierno. No lo amarán, pero lo necesitan.
-¿Qué posibilidades existen de que se modifique el rumbo de la actual política económica que ha estado a cargo del astorismo desde que el Frente Amplio llegó al gobierno en 2005?
-Si la idea básica del presidente Mujica es moverse un poco hacia un lado y otro poco hacia el otro de modo de mantener un equilibrio entre esas tensiones dentro del Frente Amplio, entonces no cabe esperar cambios drásticos, porque cualquier giro en el rumbo implicaría romper ese ejercicio de construcción de equilibrios entre los dos polos del partido gobernante. Tal vez podrían darse cambios en aumento progresivo. Pero no se vislumbra una derrota aplastante del astorismo, ni tampoco una victoria total. Entonces, la situación seguiría sin variantes u oscilaría un poquito más hacia uno de los dos lados, pero solo en forma progresiva.
Ficha técnica
Luis Eduardo González, uruguayo, 66 años, se doctoró en ciencia política en la Universidad de Yale (Estados Unidos) y obtuvo una maestría en sociología en el Departamento de Ciencias Sociales de la Fundación Bariloche (Argentina). Es cofundador y director de la consultora Cifra/González, Raga y Asociados, y consultor internacional. Es catedrático de Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Económicas de la UdelaR.

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